Yo, ecologista.


Hace ya mucho que estoy en “esto”, aun no tenía barba, y ni soñaba siquiera con tenerla algún día cuando empecé a verlo.

Mis orígenes son humildes, me he criado dando de comer a las gallinas, viendo Rodríguez de la Fuente y documentales de “la 2”, regando un huerto, no un huerto a secas sino esa pieza familiar clave que producía lo más valioso del mundo, subido a un cerezo comiendo una ambrunés por cada puñado que iba a la cesta, cazando entre escobas y zarzales muchos días y algunas noches, leyendo cosas maravillosas, pescando en tardes de agosto, cogiendo moras y cangrejos o setas y castañas, he subido al roble a ver los pollos del rabilargo, he bebido del chorro de las fuentes del Valle y he andado sus caminos, he llenado la mochila con herbicida y he rociado también a las abejas que se cruzaban, he ido viendo e interactuando diariamente con multitud de esas formas de vida incomprendidas con las que cohabitamos, comparándome con ellas, y de paso comparándonos a todos.

“Esto” es lo que llaman “ecología”, y sí, hace mucho que me empezó a chirriar algo, o quizás chirriar no es el término apropiado ya que al contrario, en mi mente… todo armonizaba si te esforzabas (un mínimo) en observar, lo cual no siempre es fácil teniendo en cuenta el asuntillo ese sin importancia del capitalismo en el que estamos un pelín metidos.
La observación ha sido para mi la gran maestra, la que además de mostrarme me daba a entender, y esto es sincero, realmente es así de… sencillo, no sucede en un momento concreto sino al acumular esos momentos concretos. Por eso mi niñez naturalista fue mayoritariamente práctica e increíble por su riqueza y en mi etapa de juventud también teórica combinada con una práctica más consciente. Ya de pequeño me di cuenta como socialmente en mi entorno era un término despectivo, ¿tú que eres, ecologista de esos o qué?, he oído cien veces esa pregunta cuando he expuesto mi forma de entender la vida.

Creo en el ecologismo como una acción social intergeneracional que es trascendente a nuestra especie, por el equilibrio, desinteresada, igualitaria y sostenible por definición. Por esta razón y a través de un lento proceso de formación he ido enlazando conceptos, creando un agregado que incluye esa palabra, en el que la responsabilidad, la libertad, la capacidad de mirar para intentar ver más lejos en las distancias y en los tiempos y la integración de las diferencias sean todo uno para mi, un gran concepto. 

Ahora, algunas cosas han cambiado. 
Conciencia simbiótica para cambiar mi mundo.






                                                                                                                    

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